LOCO

Loco fue un gran perro pero vivió poco tiempo.

La  historia de Loco fue la siguiente:

Mi amigo Joaquín se lo cedió a una amiga que lo quería para cuidar su casa y terreno. La chica estaba súper contenta porque con 5 meses ya “daba cuenta”, es decir, ya empezaba a cuidar. Con 8 meses lo fue a ver Joaquín y cuenta que se quedó asombrado con el carácter que tenía… Le fue a mirar la dentadura y se llevó un buen susto: ¡El perro fue a comérselo!

La chica no podía con él, fue creciendo y cada vez más carácter. En la familia solo lo manejaba ella. La chica quedó embarazada y tuvo que quitar el perro porque su marido le tenía miedo y ella en su estado no lo podía controlar bien, así que se lo devolvió a Joaquín, y éste se lo dejó a Diego.

Diego lo fue a buscar con Lolo; Joaquín les advierte que el perro es bastante bravo y muy ágil… le había saltado la perrera que tiene unos dos metros de alto, durante el tiempo que lo tuvo en su casa hasta que fueran por él. Ellos le contestaron: “¡Ya será menos! El perro en la calle era muy tranquilo y le dijeron que parecía dócil. Lolo le fue a mirar la dentadura como si tal cosa, y gracias a que Joaquín fue rápido, ¡no le cogió la cara de un mordisco! Lolo ya no abrió más la boca en toda la noche, se quedó blanco como un folio. Ya no había manera, el perro se aceleró y se los quería comer, costó un triunfo meterlo en el coche. Ya en casa de Diego estaba más tranquilo, lo ataron a una cadena para que el perro se fuera familiarizando con el nuevo lugar y su nuevo dueño.

Cuando en unos días Diego empezó a dominarlo, lo puso en una perrera. El mismo día fue a la finca del padre que está al lado de la suya y oyó una “bulla”… todos los perros ladraban,  subió a su finca y se encontró que Loco había saltado a la perrera contigua, la de Chino, un Staffordshire Americano que era de “armas tomar”. Diego se vio apurado para separarlos, y casi acaba con Chino. Después de eso le tuvo que forrar la parte alta de la perrera a Loco, para que no pudiera salir, ¡aunque medía algo más de dos metros de alto!

Otra anécdota de este animal fue cuando vinieron a probarlo unos conocidos de Diego, le dijeron que lo atara a una cadena y lo sujetara él también con una correa para hacerle “manga”. El perro tenía dos collares, uno de estrangular y otro de linga. La sorpresa fue que cuando estaban en medio de la prueba, al tensarse la correa, se abrió el grillete de la cadena que sujetaba el collar de eslinga, y quedó sujeto sólo el collar estrangulador a la pared y el collar de eslinga en la correa que mantenía Diego. El estrangulador se partió como papel, y quedó solo la correa de Diego, que le costaba un triunfo dominarla). Se quedaron “blancos”.  Diego no podía con Loco, 70kg de puro músculo en acción eran difíciles de dominar. Aquello fue un espectáculo, digno de “!Sálvese quien pueda!”. Cuando logra meterlo en la perrera a trompicones, y se relajan los visitantes, Diego les dice si lo saca de nuevo y le dicen que no, que no, que dan por hecho que el perro muerde. Entre ellos estaba el Gaifa. Hoy lo recordamos con gracia, pero fueron unos momentos de mucha tensión

Otro día, un amigo de Diego dueño de varios perros tipo presa, acostumbrado toda su vida a ver perros de todos tamaños y todas razas, cuando lo vio quedó impactado. Dijo que nunca había visto algo tan grande, con esa musculatura y ese volumen. Quedó realmente impresionado con Loco.

Tenía una agilidad descomunal para su peso. Cuando se alteraba, corría por la perrera, incluso por las paredes en vertical quedando todo el cuerpo en el aire, parecía un puma. Hoy en día todavía la malla de la perrera que ocupó está abombada por esto.

Otras de sus cualidades (o “putadas”) era matar gallos, tenía frito a Diego. Le buscaba el despiste cuando limpiaba la perrera, daba un empujón a la puerta de la perrera para que rebotara y salía como una bala, le metía un topazo a una de las jaulas que pesan unos 5kg y que están fijas al suelo,  la levantaba como papel y el pobre gallo sin esperarlo no le daba tiempo ni a reaccionar.

Sólo crió con una perra, con la que tuvo tres cachorras, 2 fueron a Estados Unidos junto con la madre y la otra se la quedó Lolo (que murió muy joven, justo antes que el padre). Nadie pensó que le quedaría tan poco de vida y no pudiéramos aparearlo con ninguna perra más… Era un animal muy, muy seguro nunca lo vimos dar un paso atrás.

 

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