ARES DE MAXORATA

Ares era el más pequeño de su camada, pero con un carácter muy fuerte, siendo más ligero, se hacía con sus hermanos desde abajo. Su padre era el gran Kurdo de Maxorata, magnifico exponente de Presa Canario (hijo a su vez de Guayacan del Lomito de la Suerte) y su madre Sica, hija también de Guayacan del Lomito de la Suerte.

Se convirtió en un pedazo de Presa Canario en toda su extensión a lo largo del tiempo. Noble, valiente, fiel, muy listo, alta capacidad de aprendizaje innata, cariñoso, apegado, tranquilo pero atento, ágil, devoto total de su amo y su familia, equilibrio absoluto, perfecto guardián, etc. No terminaría de escribir halagos y buenos calificativos de Ares. Era tan digno, que por más que trato, sólo recuerdo de dos llamadas de atención relevantes, nunca hizo falta más.

Me enteré de él por casualidad, esperaba un buen Presa Canario desde hacía años, desde niño, y éste simplemente surgió. Un gran amigo criador, y dueño del padre del cachorro, no comentó nada de esta camada hasta el final, que nos propuso quedarnos con un perro si lo queríamos, eso sí, el que tocaba. Ya teníamos uno muy sencillo que nos habían regalado hacía unos años, pero no convencía ni por físico ni por carácter, el pobre “Darma”.

Mi padre estuvo de acuerdo en traerlo a su casa (no parábamos mi hermana y yo de decirle lo fantástico y espectacular que era su padre, y que sus criadores eran grandes entendidos de la raza de toda la vida, no como los personajes de tres al cuarto que uno encuentra aquí a cada paso que se creen eruditos de la raza), así que ya casi que él también estaba ilusionado, a pesar que ya en la casa habían varios perros, y siempre habíamos tenido, pero ningún Presa Canario.

La primera visión de Ares “El Chino” (apodado y llamado así toda su vida por un gran amigo personal, que también se hizo cargo de su cuidado en algunas ocasiones) fue saliendo de una casa con dos hermanos, corriendo como un loco y con la cabeza pegada al suelo. Tenían aproximadamente 4 meses. Recuerdo un comentario de un buen amigo que estaba con nosotros, criador de Presas y Pitbulls también, Lolo: “¡A estas edades son auténticas aspiradoras!”. Era el más pequeño, pero no por mucho, aunque ya se veía que era el más ligero, pero el más ágil, y atigrado oscuro, mientras que los otros eran más claros, y también atigrados.

Ya el nombre había sido puesto por Lucía desde hacía unos días, “Ares, el Dios de la Guerra”, ¡y nunca mejor puesto! Era un nombre a su medida… desde pequeño.

Desde el primer día se le puso el collar que llevaría toda la vida, ancho, feo y sencillo, traído de EEUU por Isidro, muy bueno y resistente, de los cuales siempre decía: “Un solo collar, entierra tres perros”. Y por desgracia, parece que estará en lo cierto. Lo único que mi padre esa misma noche que llegó a la casa tuvo que hacerle un agujero nuevo, pero ya le venía más o menos bien.

Para su llegada, yo habíamos dispuesto todo conforme al asesoramiento de Isidro, y como era nuestro primer futuro perro grande y fuerte (y previsiblemente con carácter marcado), además que nos contaban muchas historias de perros de presa que se habían escapado, pues era mejor no arriesgar: una pedazo de cadena de vaca, dos eslabones de escalada de los más resistentes, y un giratorio de iguales características.  ¡Le quedaba todo inmenso! Y Lucía y yo nos preguntábamos si no era demasiado, y si algún día lo llenaría como esperábamos. Afortunadamente, lo hizo, ¡y con muchas creces!

Nunca, ni siquiera la primera noche amarrado a su cadena (porque no podíamos tenerlo suelto por el resto de animales, y que no lo conocíamos como para saber de que era capaz con ellos) lloró ni ladró, como si llevara toda la vida ahí. Y jamás fue destrozón, todo lo contrario, nunca rompió nada, excepto unas plantas, pero por brutalidad. Y tampoco ladrador, lo justo y necesario, en honor a la verdad.

Cuando fuimos por la mañana a verlo a casa de mi padre, recuerdo que estaba mirando para la escalera por donde llegábamos con sus orejotas, y no era muy expresivo el hombre, que apenas movió el rabo un poco. Lo soltamos y estuvimos con él, que ya nos seguía a todas partes. Y nos dimos cuenta que era inofensivo con las palomas que teníamos, que incluso con los años, llegaban a pasarte justo por delante y comían y bebían de sus cacharros. Y jugaba con el resto de perros que teníamos sin problema, aunque un poco brutito sí que era, menos hacia nosotros, que siempre tuvo cuidado.

A nuestro padre, desde que lo vio, le gustó, ¡a pesar que no soltaba ni un alago hacia él! Pero eso teniendo en cuenta su carácter significaba que sí, que este era otra cosa, un gran perro, lo miraba hasta emocionado. Se le caía la baba con Ares. Durante el tiempo que lo tuvo bajo su techo, ¡presumió de él hasta cansarse! A todos sus amigos les decía que su hijo tenía el mejor Presa Canario que había visto, que ninguno valía como él, ¡el auténtico presa! Que tenía una cabeza impresionante, y era malo como nadie. Cuando había visita, y subían a la azotea, siempre alertaba de que no se acercaran a él, ni de cachorro. Le gustaba resaltar su carácter y mostrarlo a sus amigos, sin jalearlo, sabía la reacción que tendría si él quería. La verdad es que tenía una psicología especial para los animales, y por supuesto los perros.

Pasaba el tiempo y lo que hacía era estirar, crecer, pero con aspecto de podenco más que otra cosa, pero con una gran cabeza muy típica… ¡Parecía que era prestada!

Lo sacábamos casi a diario a pasear y relacionarlo (en esa época había bastantes terrenos por donde vivía) y las leyes no estaban para nada tan duras como en la actualidad, y él se comportaba bien, con seguridad y atento, pero desconfiadisimo si la gente se le acercaba mucho, no le gustaba a no ser que ya confirmara que no eran una amenaza y bajaba la guardia, pero nunca asustadizo, y muy valiente con los demás perros. En el coche nunca rompió nada tampoco, y al tener mucho tiempo libre en aquellas épocas universitarias, solia tenerlo mucho tiempo de aquí para allá por las tardes. Iba a la emisora de Los Campitos, irreconocible comparada con su estado actual, y me llevaba un libro o simplemente me echaba en un murito bastante cómo que había alejado del camino. El perro, desde cachorro, se ponía en lo alto, vigilante, echado o sentado también, y de vez en cuando venía a olerme, pero sin molestarme. Muchas veces me quedé dormido allí, y no recuerdo que me despertara si no era para “avisar” con algún ladrido de transeúntes. Si estaba despierto, simplemente lo llamaba y lo sujetaba, a pesar de que sabía que no iba a atacar sin más, pero si estaba embelesado, lo dejaba y que los caminantes circularan por algún otro camino alternativo jejjejeej

Algo que siempre recuerdo, fue en cierta ocasión con Ares de cachorro, estando una vez en la entrada de un bar cerca de mi casa, donde iba con él frecuentemente en la tarde a tomar un cortado y lo dejaba amarrado en unos pivotes, estaba atándolo, y en eso llegó un amigo a saludarme, pero con la brillante idea de hacerlo con “manotazo a la espalda”. La reacción del perro al ver este acto fue… ¡arrancarle esa mano! Jjajajaja. Menos mal que andamos listos los dos, mi amigo y yo, y pudimos evitar males mayores que un roce de dientes. Al menos a nosotros, como ya dije antes, novatos en estos perros, me sorprendían algunas de estas situaciones. Después de esto, siempre que alguien se acercaba estaba alerta, sobre todo si se aproximaba suficientemente, y se relajaba cuando pasaba de largo o si veía comunicación por mi parte con ese alguien. Y yo siempre repetía que no levantaran las manos… jajajaj

En realidad esto ocurrió dos veces, ésta y otra algo más adulto y con mucha más firmeza, y en las que no fue tan fácil sujetarlo, porque esta vez era un “tipo” con unas copitas encima dándonos un poco el coñazo, y que además chillaba.

Recuerdo otra anécdota un día que lo sacamos con unos 7-8 meses (ya era bastante alto pero no muy corpulento) a un parque muy conocido en pleno Santa Cruz, que casi nada más entrar por una de sus puertas, apareció un Pastor Alemán corriendo hacia él, y Ares lo que hizo fue gemir de miedo, meter el rabo entre las piernas y medio echarse atrás, hasta que el otro perro llegó a su altura, y Ares lanzaba dentelladas, bastante miedoso (creo que fue la primera y única vez en su vida que lo vi así), incluso corrió y el pastor lo tiró al suelo y empezaron a pelearse. El que tenía una mordida fuerte curiosamente era el pastor, que hasta que el dueño vio que el presa era un cachorro y tenía miedo, pensaba que el culpable era Ares.

Hay que reconocer que el pastor era adulto, y un abusador, pero la actitud de mi perro ese dia me decepcionó bastante… Estuvo unos días “raro”, como reflexivo, pero vamos, nada que ver con lo que a partir de ahí comenzó a ser el perro, UN GRAN PERRO, Y UN GRAN PRESA.

Al mes siguiente, tuvo la 1º trifulca fuerte con el presa con el que siempre estaba, Darma, que era adulto y al que respetaba. Pues por un trozo de manguera que le intentó quitar, empezó todo. Estábamos mi padre y yo, y nos costó muchísimo separarlos, también porque éramos principiantes en este tipo de perros, los que siempre habíamos tenido, se mordían pero casi que soltaban a la voz de mi padre, o era fácil separarlos porque no fijaban la mordida. Pero con estos no había manera. Darma tenía a Ares por una pata, y Ares a Darma por la cara… ¡un destrozo!

Cuando después de 3 o 4 minutos pudimos con ellos, Ares tenía la cabeza con bastante sangre que le chorreaba, sobre todo del hocico, y Ares las patas completamente rajadas, una peor que otra (en la que fijo la presa). Darma se curó pronto, en pocos días, pero Ares tuvo una de las patas muy hinchada durante días, y tuvo cicatrices toda la vida.

Fue próximo a la 1º monográfica en que iba a llevarlo, y dudé si hacerlo porque seguía con las heridas sin curar completamente y era algo vergonzoso, pero aun así, ¡lo lleve como estaba!

En esa misma exposición tuvo otras dos actitudes en la que realmente comprobamos que sería un buen perro de la tierra, o al menos a nosotros nos sorprendió porque no estábamos acostumbrado a estas cosas: llegó Braulio (criador de mi presa) con Uro, el mejor perro de la camada de Ares, y como estaba en la cola, y no podía acercarme a él para que no se “encontraran” los dos perros (porque en ese entonces tenían 9.5 meses, pero carácter fuerte), le dejé al perro con la correa aun amigo mio, Tana.

Al minuto siguiente, mientras iba hacia Braulio y le daba la mano, oímos los chillidos Tana nervioso llamándome y viniendo hacia mí con Ares, diciéndome que cogiera “al maldito perro”, que no se iba a hacer cargo de él. Me empezó a contar bajo mi asombro, que al darle la correa y ver que yo me alejaba, trataba de tirar nervioso, pero como lo sujetaba fuerte, se dio la vuelta, se le subió a la altura de la cara, y le gruñó como diciendo: “me sueltas o vamos a tener problemas…!” Fue muy simpatico para todos, menos para este amigo! Jejejejej

La segunda actitud fue hacia el juez: cuando trató de abrirle la boca, fue recibido con un ronco gruñido. Jamás había sido incitado a esto, criado en familia, lo hacía porque así le salía de su interior. Fue descalificado, con todo nuestro asombro, acostumbrado a ver en el parque Viera y Clavijo como ningún juez metía mano en la boca de un presa ajeno, parecía que las cosas estaban cambiando. Por supuesto, nunca más lo llevamos a participar, porque con el paso de los años, pensamos que si aquello supuso una descalificación, con su carácter adulto hubiera sido la hecatombe.

Una vez, cuando tenía algo más de un año, un amigo de mi padre, Rafa, estaba con él esperando las palomas, y le decía: “Eso es una mierda de perro, estoy aquí casi a su lado y no hace nada, ni se mueve…¡los que yo he visto por ahí estarían a comerme!”. Y lo comparaba con una doberman que tuvo mi padre que era una fiera indomable. Y mi padre le explicaba: “Ese es distinto. Estoy yo aquí, y donde tú lo ves, está vigilándote. Además porque no quiero que haga nada tampoco ahora, y encima es de mi hijo”. Y éste se burló aún más del perro, hasta el punto que mi padre le preguntó si quería realmente verlo. “Bah, ¿no ves que no hace nada?” a lo que mi padre se dirigió al perro y le chilló lo que siempre decía a sus perros cuando quería sacar algo de ellos (sin ningún tipo de adiestramiento): “¿¿¿Quién es ese, Ares???”. Según mi padre (que contaba todo esto entre risas y burlas), el perro “estaba echado en su caseta como un pollaboba, y cuando me oyó, salió como un cisco a por él que se casi se parte el cuello, y Rafa empezó a insultarme y decirme que estaba loco, y que si tal y cual, despotricando y acordándose de mi madre mientras bajaba los escalones de 4 en 4”. Solo decir que en vista de la actuación del perro, nunca más subió a la azotea porque decía que el perro en el momento que menos te esperaras,  rompía la cadena (cosa muy improbable) y acababa con cualquiera, que era un peligro tener ese animal, que ese tenía el doble de tamaño de la doberman y no quería arriesgarse. Es decir, ¡le llegó a tener más pánico que a la propia doberman que se mordía sola cuando no podía llegar a su objetivo amenazante! Era gracioso estar en mi casa y como se asomaba por la ventana a llamar a mi padre cuando llegaba a mi casa y éste estaba en la azotea. Yo le decía adrede, “sube, que está arriba”, sabiendo que no lo haría.

Un par de veces fue a mi casa de visita rápida el que es un gran amigo hoy, Diego. Él lleva toda la vida con perros de carácter fuerte que es lo que siempre ha buscado, callejeros, enrazados, de presa, Pitbulls, Staffords, Presa Canario, etc. Y conocía perfectamente la genealogía de Ares. De cachorro le gustaba, según sus palabras, que no tenia un físico portentoso, ligero, pero estaba bien hecho. En una ocasión, no teniendo la amistad que profesamos actualmente, vino con otro amigo al que también le gustan los perros, Alexis, que le decía: “¡No veas cómo ha cambiado el perro!”. Al llegar a la azotea, ya anocheciendo, empieza a decir que no estaba mal, buena cabeza, etc (no recuerdo textualmente), y de buenas a primeras da un zapatazo y lo amaga. El perro a por él sin dudarlo. Sonrió, me miro y me dijo: “Eso sí es un perro”. Y esa frase se me quedó tan grabada sin darme cuenta, que yo mismo la utilizo normalmente. Cuando coincidíamos y hablábamos de Ares con quien fuera, siempre decía lo mismo, literalmente: “El tuyo si es un perro, con dos cojones”. Y nosotros nos sentíamos orgullosos de este reconocimiento.

En otra situación relacionada con Tana y Ares, estaba yo en una finca de un amigo donde tenía los perros, pero sin muros ni vallas y fácil acceso. Ares estaba suelto en ese momento mientras limpiaba los caniles, y oigo que alguien me llamaba chillando pero no sabía porque. Pues salgo apurado, y me veo a Tana nervioso y dirigiéndose hacia mi. En aquella época Tana era un gran amigo y sabia donde podía estar yo a esa hora, y donde vivía o donde tenía los perros, y conocía a estos perfectamente y ellos a él. Comienza a explicarme que llevaba rato llamándome de la entrada de la finca, pero al no contestar, pues había entrado. En eso había salido Ares desde lejos en su encuentro, pero no para hacer amistades y sin ladrar. Al verlo venir, había chillado su nombre y éste se había quedado pensativo y con menos malas pulgas, pero continuó adelante. Apurado, recordó lo que más le gustaba y por lo que vivía Ares: por cualquier cosa que pudieras tirarle y traértela. Y le tiró una piedra y le dijo la frase que yo le gritaba siempre. El perro se paró y cambio de actitud, y justo en ese momento aparecí yo. Esto fueron segundos solamente. Luego comprobamos que no lo había distinguido visualmente porque justo el sol le salía por la espalda, solo había visto a alguien aproximarse y defendía su terreno, ya que no era habitual que tuviera un comportamiento agresivo con este chico a estas alturas, con lo equilibrado y el saber estar que tenía. De todas formas, en estas situaciones solo marcaba su presencia, y se lo hacía saber a los viandantes muy de cerca, pero era suficientemente capaz de reconocer o no una amenaza.

También otro día, ya siendo un veterano de 7 años (que pocos adivinarían), en una muestra de presas, un amigo también gran conocedor y criador de Presas Canarios, Joaquín, vino a enseñarle a Ares a un señor muy conocido en este mundo que se acercaba con su cámara ya que tenía cierta curiosidad la línea de la que procedía. Mientras hablaban de él, estando yo bastante próximo a ellos, el perro permanecía tranquilo junto a mi ex-pareja. Entonces Joaquín quiso resaltar su carácter para el video, comentando que era así de forma innata y nunca se le había entrenado de ninguna manera, y que todos los provenientes de su linaje eran similares. Yo le avisaba que el mosquetón estaba ya deteriorado, y que tuviera cuidado, pero no me hizo caso. A los pocos segundos, yo distraído no recuerdo por qué, oigo a mi ex-pareja: “¡¡El perro!!”, y acto reflejo lo busco con la mirada y lo veo lanzado a por Joaquín. Suerte que yo estaba a medio camino y tuve la gran suerte de que tenia q pasar muy cerca de mi ¡y pude pillarlo al vuelo! Joaquín ni se había movido, con su cigarro en la mano, estaba con la mirada fija en el perro, y dijo: “Acabo de volver a nacer…” ajjajajja. Está claro que no era para tanto, ¡pero una mordida no se la hubiera quitado nadie! Según parece, todo quedo recogido por la cámara.

Los accidentes entre congéneres eran frecuentes en perros de tipo presa, y participó en innumerables “agarradas” con otros perros dentro y fuera de mi casa, ya que tenía un instinto innato dominante y mucho carácter, ninguna suficientemente larga ni grave como para dejarle secuelas, excepto una con un pitbull de mi casa que le dejó un agujero en la oreja por el resto de sus días, ideal para un piercing si querías. De todas formas, las heridas curaban muy rápido en él, normal en perros de este tipo y linaje. Con las hembras y cachorros, tenía un comportamiento ejemplar, y era muy jugueton y activo con ellos, aun siendo ya viejo.

Fue conmigo de un lado a otro después de que, por motivos personales,  tuviera que verme obligado a abandonar y, por consiguiente, trasladar los animales de mi casa de toda la vida, pero tenía claro que este perro no saldría de mis manos jamás, por todo lo que me transmitía y lo que significaba. Estuvo en el terreno de un amigo; luego a 90 kms de mi casa; posteriormente con mi hermana, que se hizo cargo de él un tiempo y yo me desentendí de su cuidado porque estaba a buen recaudo; y ya por último en casa de mi madre conmigo en el que sería su último hogar y donde pienso que mejor estuvo a lo largo de su vida. Aquí incluso descubrí, a pesar de que ya conociamos que era muy limpio e higiénico, que si lo sacaba todos los días (aprovechando un terrenito justo al lado) era capaz de no hacer sus necesidades en el canil, y aguantaba de un dia para otro.

En casa de Lucía hizo de las suyas un par de veces, por así decirlo. Era muy equilibrado y sabía cuando actuar si era necesario, si no, solo marcaba su presencia, propio de un buen presa. Pero alguna que otra mordida sin importancia dio a ciertos “personajillos” que dudaban o “retaban”  a su capacidad o instinto con dos copas de más, tanto “de buenas”, como por las malas, y otros avisos cuando se despistaban y se acercaban más de la cuenta a sus dependencias. Recuerdo que las veces que me hacía cargo de la casa por vacaciones de mi hermana, ella me dejaba las llaves de todo en su caseta, totalmente seguros y confiados de su buena guarda y custodia, todo de forma innata porque nunca fue adiestrado ni nada parecido para tener ese comportamiento.

En realidad, nunca le enseñamos nada, lo que aprendió fue de forma natural, a causa de que ya tuvimos un perro muy adiestrado y que hacia autenticas virguerías, pero comprobé que lo que ocurria con esto era que le quitabas muchísima personalidad al perro, y a partir de aquí decidí ni amaestrar, ni enseñar de manera obligada a ningún perro que pudiera tener.

Aunque ahora que recuerdo, si que se le enseño una cosa: a dar besos. Mi pareja (que tardó algo más de un mes en hacerse con su confianza, y que posteriormente se quisieron con locura de forma recíproca) con mucha paciencia, le enseño durante unos pocos días que si le pedía un beso, se acercara y le rozara la boca con la lengua, pero no a lametazos; poco higiénico, pero a ellos les daba igual… jejejejej

Nunca tuvo descendencia. Sólo lo intentamos una vez con una perra llamada Chia que tenía problemas para quedar preñada, y a pesar de que hizo dos montas (por si mismo), ella quedó vacía. Me arrepentiré toda la vida no haber sacado nada de él, ya que si físicamente todos en el grupo pensaban que había mejores machos y era mejor aprovechar a éstos ya que nuestros cruces eran contados. Pero yo siempre defendí que su cabeza, y psicológicamente era el mejor de sus hermanos, a la par si acaso que su hermano Uro, según mi punto de vista. Una auténtica lástima que muriera sin criarle un solo cachorro.

Murió el 26 de diciembre del 2008, a los 8 años de edad, después de que una enfermedad hiciera mella en su cuerpo sin percatarnos de que estaba acabando con su vida… Incluso, una semana antes de su muerte, corría detrás de unas piedras que le lanzaba yo y una de mis sobrinas en una montaña con una cuesta brutal con una pendiente que te hace prácticamente subirla a 4 patas. Murió junto a mí en el garaje de mi casa en el que llevaba 6 días para intentar recuperarlo, día y noche lo vigilábamos entre toda mi familia y nos pasábamos las horas sentados con él, animándolo, forzándolo a comer y tomar la medicación en vano, pero yo tan especialmente que hubo un punto en el que me veía… y huía. El último día, ya pedía tranquilidad, no quería ni agua, que le daba con una jeringa. Ya sin poder hacer nada, en su final, se levantó, caminó unos pasos, se quedó inmóvil muy fatigado, y dejó de respirar en propio pie. Ya no podía más y cayó al suelo… Falleció en mis propias manos lentamente, en amargos y larguísimos minutos…

Mi familia, desde mis sobrinas, amigos, hermanos, hasta mi padre o incluso mi madre, reacia con los animales, estábamos realmente orgullosos de él. Se lo había ganado a pulso.

Y hasta hoy, mi amigo ARES, “EL GRAN ARES” como lo llamaba cariñosamente, sigue siendo mi mejor PRESA CANARIO en toda la extensión de la palabra.

 

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